UNA OPORTUNIDAD ÚNICA: DEL 20 AL 27 DE NOVIEMBRE PODRÁS HACER PARTE DE LOS TRABAJOS DEL LLANO

4.000 cabezas de ganado habitan las 10.000 hectáreas que componen el Tradicional Hato San Pablo, ubicado en el Casanare sobre el Rio Cravo Sur, a unos kilómetros de Orocué.

Desde niña oigo a mi padre hablar con gran pasión de su experiencia en los hatos del Casanare, donde fue invitado a mediados de los años 70.

Mi padre, un árabe católico inmigrante de Jerusalem, y a la vez un completo llanero, que ha trabajado por el Meta desde el año 1963, me inspiraba y me ponía a soñar cuando narraba sus recuerdos. Yo, siendo una niña, me prometía vivirlos cuando creciera. Y como los sueños –buenos o malos– se cumplen, ese sueño está a punto de hacerse realidad.  

“Los vaqueros hacían filas en los fundíos con su silla y se les entregaba un lazo para que fueran a domar el caballo que los acompañaría durante la semana de trabajo de llano”, me contaba. Decía que verlos domar el caballo y trabajar entre cientos de reses era una experiencia que jamás olvidaría. Me hablaba de varios hatos: del Hato de Chepe Delgado (Hato Boral), del Hato Santana y del Hato San Pablo de la familia Reyes, desde donde hoy escribo. 

¡Hoy he visitado 3 hatos y todos están hablando de lo mismo! Vienen las semanas de trabajo de llano en los hatos, cada uno con una semana asignada.

El reto es conseguir vaqueros que sigan dedicando su vida con pasión a esta labor, pues ya casi no quedan. La mayoría se han ido a trabajar  a las palmeras, arroceras y petroleras… es una hazaña porque se necesitan los suficientes para marcar, topizar, vacunar y curar a más o menos 4.000 reses, en una semana.

El vaquero ideal debe tener experiencia, ser ágil, conocer los cantos de vaquería, trabajar en equipo. Y este gran evento de la cultura del llano, lleno de emoción y destreza, se da únicamente 2 veces por año.

El próximo 20 de noviembre es el gran evento en el Hato San Pablo, que hace unos meses abrió sus puertas a visitantes del mundo, para que se alojen en su tradicional casa y puedan vivir la experiencia llanera y de descanso allí. Entre el 20 y el 27 de noviembre, podrás convertirte en un jinete del llano. Te entregarán un caballo (ya amansado) y trabajarás de la mano con los valientes vaqueros que conservan su trabajo y cultura ancestral.